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Apostoloteca virtual LITURGIAMANUAL DEL SACRISTAN

 

2. Amigo Sacristán:

Sin conocerte, te he dedicado estas páginas, con el propósito de ayudarte en tu labor.

Felices las comunidades cristianas que cuentan contigo, porque tienen un buen sacristán, o una buena sacristana.

Tus «cualidades humanas» son más importantes en tí precisamente por la estabilidad de tu servicio y tu cercanía a la celebración.

Seguimos pidiendo al Señor que crezcas tú y todos los sacristanes en madurez, sentido de responsabilidad, puntualidad, espíritu de orden y diligencia, y sobre todo en la capacidad de relación humana y de trato, facilidad para trabajar en equipo.

En efecto, tú no eres el «último» responsable de las cosas y de las disposiciones, sino un cooperador de otros, como cantores, monitores, sacerdotes que van a presidir la celebración.

Que seas paciente (con los monaguillos, con las personas que van a preguntar un horario, con los sacerdotes que no siempre dejan las cosas como tú quisieras). Y que realices tu trabajo con amor y con humor, superando así la imagen típica del sacristán malhumorado y áspero de trato.

Tienes también cualidades «técnicas» conseguidas con tu esfuerzo. Sabes manejar los aparatos de sonido e iluminación; tienes sensibilidad y buen gusto artístico para la disposición del presbiterio, sus adornos, sus flores, las imágenes.

Pedimos que se actualicen tus «conocimientos litúrgicos» sobre todo ahora que se han cambiado bastantes cosas y las orientaciones se han multiplicado en los Libros Litúrgicos.

Debes conocer lo que es la celebración litúrgica, cuáles son sus momentos culminantes, su dinámica, las características de los varios tiempos litúrgicos y de las fiestas. Así sabrás qué libros hacen falta para ofrecerlos a los sacerdotes.

Un sacristán con sensibilidad litúrgica influye en una buena celebración, y hasta se puede decir que «educa» a los sacerdotes con su buen saber. Eso esperamos de tí.

Esta sensibilidad litúrgica hará que respetes los momentos cruciales de la celebración, sin estar distrayendo con un ir y venir hacia el altar.

Sobre todo, si eres un ministro eclesial, esperamos encontrar en tí «la calidad de tu fe» personal.

Se nota enseguida si una persona que se mueve en el presbiterio, antes de la celebración o durante la misma, cree en verdad en aquello que sucede allí: sus movimientos sencillos y dignos, pero siempre respetuosos, indican a la comunidad que él también siente el respeto y la convicción de lo que se está celebrando.

Tú eres un personaje muy «visible». Para muchas personas, tú eres uno de los contactos más significativos con la Iglesia. De tus cualidades humanas y cristianas depende mucho la impresión que se lleven.

Un peligro innegable de un sacristán es la excesiva familiarización con «lo sagrado». Es preciso pedir a Dios que no vayas perdiendo la sensibilidad religiosa, ni caigas en una cierta rutina que podría parecer pérdida de respeto o de conciencia de fe, aunque no lo sea.

La fe es la que te estimula a ayudar a la comunidad cristiana precisamente en el momento privilegiado de su celebración litúrgica. Porque crees que se celebra algo importante, por eso actúas con dignidad y respeto. Amas la liturgia y amas a tu comunidad cristiana.

Felicidades, pues no cualquier persona sirve para sacristán. No todos los que van buscando trabajo son aptos para este servicio a la comunidad. Algunos tendrán títulos académicos, pero también deben tener una preparación y sensibilidad humana, litúrgica y cristiana.

A las cualidades que ya se tengan, deseamos que se aumente tu formación con algún curso intensivo de liturgia básica. Así aprenderás dónde están las directrices fundamentales para tu labor : leer las instrucciones de varios Rituales, que te dirán el por qué de las cosas, qué características tienen las celebraciones especiales de Semana Santa, cuál es el espíritu de Adviento y cómo se tendrá que manifestar en la disposición de los locales, colores, libros, símbolos, etc. Conocerás el por qué de las cosas y el espíritu de las celebraciones a las que sirves con tu trabajo.

Ustedes los sacristanes son algo más que unas personas que encienden velas o preparan el pan y el vino sobre el altar. Ustedes son quienes hacen posible una buena celebración litúrgica.

Con tu labor callada, en gran parte escondida, ayudas a que luego las celebraciones discurran con paz y fluidez. Cuando los fieles entran en el templo y encuentran todo en orden y limpio, se sienten movidos a considerarse como en su casa: ésa es la mejor bienvenida a los que acuden a la celebración. Cuando los sacerdotes encontramos en la sacristía cada cosa en su sitio y los libros preparados y los espacios convenientemente distribuidos, nos sentimos también estimulados a realizar bien nuestro propio ministerio en bien de la comunidad. Cuando nos atiendes amablemente a todos, y no pierdes el humor y la paciencia ni en días de fiesta, la buena impresión que produces ayuda a crear el clima conveniente para una celebración festiva y participada. Gracias por toda esa ayuda que has estado brindando.

Un sacristán como tú es un verdadero tesoro. Felicidades.

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